Mundo ficciónIniciar sesiónEran las cinco y dos minutos de la tarde del martes, cuando mi asistente me comunicó que el abogado Carrara estaba esperándome.
—Sí, hazlo pasar, por favor. Gracias.
La asistente le abrió la puerta de mi despacho y la gruesa, pero baja figura del vicepresidente jurídico del conglomerado en







