Nadie habría imaginado que Aleron, aquel príncipe al que menospreciaban por holgazán y por vivir pendiente de sus placeres, acabaría ocupando el trono. Durante años había dejado que todos lo vieran como un hombre despreocupado. Pero al quitarse aquella máscara, había mostrado cómo era en realidad: despiadado y firme, sin vacilar al tomar una decisión.
Durante la rebelión, la sangre había cubierto los pisos del palacio. A William le habían perdonado la vida, pero lo habían despojado de toda auto