76| Alex.
Cuando salí de casa de Ana Laura, lo primero que hice al subirme a mi auto fue tocarme los labios con las yemas de los dedos, como si no fuera capaz de creer que, de verdad, la había besado.
Que, después de tanto tiempo, al fin sus labios se habían posado contra los míos. Al fin, mis sueños más profundos, de los que no solía hablar ni pensar, se habían materializado ante mí.
Nunca unos labios habían logrado causar esa sensación que recorría mi cuerpo como los de Ana Laura, ni siquiera los labio