Xavier le dio el último tramo a su café. Llevaba mucho tiempo esperando en aquella cafetería, y la paciencia comenzaba a colmársele.
Revolvió las últimas gotas que había en el fondo y estaba dispuesto a irse cuando un auto sonó el claxon al lado de la cafetería. Los ojos azules de Raúl se posaron en él y lo miraron de los pies a la cabeza.
— Lo lamento — dijo el gemelo — . Tu llamada fue muy sorpresiva. Intenté librarme de la oficina lo más rápido que pude. Vamos, sube.
Xavier sabía que estar