Yo traté de alejarme lo más posible de Alexander, caminé hasta la silla que estaba detrás del escritorio y me senté en ella, abrazándome a mí misma. Alexander se sentó al otro lado.
— No te había dicho la verdad porque no quería hacerte daño — le dije — . Yo no me sentía capaz de enfrentar eso en ese momento. Tienes razón, los trillizos no son hijos de Federico, pero tampoco son tuyos. Tuve una aventura la misma semana en que te comprometiste con Gabriela — le mentí. Noté cómo levantó el mentó