Cuando la soledad dentro del salón me pareció demasiado abrumadora, logré regresar nuevamente a mí misma.
Había estado abstraída por lo menos media hora, ahí de pie, en medio del salón, completamente sola. Alexander me odiaba. Me odiaba porque no entendía el contexto de mi venganza, porque no sabía que Gabriela había hecho lo mismo conmigo.
Ella había comenzado este juego macabro, y yo lo había terminado.
Pero ahora él me odiaba, me odiaba de verdad. Y me odiaría aún más, estaba segura de eso