Gabriela me observó directo a la cara, conteniendo la rabia, la impotencia que sentía en ese momento. Pero yo me sentí feliz, o quise hacerlo.
Solo necesitaba haberla humillado, necesitaba humillarla de la misma forma que ella lo había hecho conmigo, y solo así podría liberarme de ese nudo que tenía en mi pecho. Solo así podría sentir nuevamente un poco de paz.
— ¿Qué? — me preguntó con rabia.
Yo presioné con el tacón el pagaré en el suelo.
— Así como lo escuchas, Gabriela. ¿Te suena conoc