62| Alex.
Cuando Gabriela llegó a casa, lloraba. Yo estaba sentado en la sala esperando a que trajeran a mi pequeño de la escuela. Quería confrontarla.
Tenía tanta rabia en ese momento que quise abofetearla, empujarla por las escaleras, pero no me atreví a hacerlo, y mucho menos después de que llegó con los ojos hinchados y la cara roja.
— ¿Qué te pasó? — le pregunté.
Ella se encogió de hombros y caminó por las escaleras hacia nuestra habitación. Yo la seguí.
— Dime, ¿qué sucede? — le insistí — .