61
De regreso a casa, Raúl no pronunció ni una palabra. Yo sabía que estaba enojado conmigo por lo que haría, pero tenía que hacerlo.
Más ahora, sabiendo que Gabriela no era una santa paloma, como tanto presumía.
Merecía aquella venganza. Merecía saber que sus amenazas habían sido en vano, que me había dicho que no sería más que la arrastrada que recogería billetes con la boca del suelo, y que no podría acceder a nada más que eso.
Yo quería demostrarle que no era así. Tenía tanta rabia en mi