56°

A pesar de que estaba cansada y con sueño, no me dirigí a casa esa noche. Di la vuelta por la autopista principal y llegué al parqueadero de mi casino.

No lo frecuentaba mucho, a decir verdad, pero las ganancias que recibía de él eran bastante buenas como para no considerarlo uno de mis mejores negocios.

El portero recibió las llaves de mi auto y él mismo pidió el elevador para mí, directo hasta el último piso: mi oficina.

Era grande, con un escritorio de vidrio templado, pero casi siempre esta
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