57| Alex.
Cuando desperté, el sol ya brillaba alto en el cielo. En otras ocasiones me hubiese asustado por llegar tarde, porque había muchas cosas que hacer esa mañana.
Sinceramente, no me importó. Volteé a mirar hacia un lado y me alegró ver que Gabriela no estaba ahí, en mi cama. Abracé la almohada con fuerza y me dispuse a dormir otro rato.
No me importaba siquiera si ya era mediodía, solo quería seguir durmiendo. Estaba ahí, tratando de conciliar nuevamente el sueño, presa del cansancio que no había