Cuando salimos de la naviera, me senté en silencio en el asiento del copiloto. Federico me miraba de vez en cuando.
— ¿Cómo te sientes? — me preguntó.
Yo me encogí de hombros.
— La verdad, no sé — le dije — . Tengo un poco de satisfacción porque logré decirle unas cuantas verdades a Gabriela. Ella no sabe lo que le espera. Comenzaré por ella, me vengaré primero de ella y después, cuando Alexander sepa que iré por él, entonces lo acabaré.
— Muy bien dicho — me dijo Federico — . Ellos tienen q