Cuando fui la amante — entre comillas — de Alexander, pasaba mucho tiempo a su lado.
Todo el día juntos en el trabajo, tratando de resolver los dilemas de la naviera Idilio, y luego, en las noches, bajo las sábanas de su cama. No sabía cómo sería la relación de Alexander con Gabriela, pero me atrevía a decir que en ese momento yo era la persona que más conocía a Alex en el mundo. Lo suficiente como para saber que, mientras estiraba la mano para agarrar el teléfono que le daba su hermano, tenía