Paloma y Cristian atravesaban los túneles nuevamente para llegar al cementerio. A pesar de que no tenían tiempo, la mejor ruta era haber atravesado todo el barrio obrero, pero imaginaron que, a estas alturas, sería prácticamente una condena suicida intentar cruzarlo.
Carlota había abandonado el barrio, y, sin su influencia y su poder, la Pandilla se había tomado el control absoluto. Incluso antes de que entraran a los túneles, pudieron escuchar cómo varios disparos se alzaban por el barrio.
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