Cristian se había alejado después de cortar la llamada con Alexander. Dio dos pasos atrás y observó por la ventana. Era una ventana estrecha y oscura, y se veía muy poco al exterior, pero el tronte se recostó en ella, apoyando la frente en el cristal. Su aliento producía un vapor que empañaba el vidrio, y Paloma se quedó ahí, abrazándose a sí misma.
Recibió una taza de aguapanela que le dio Rubí. Aunque quiso negarse, no le pareció correcto, así que bebió del dulce líquido y se sorprendió al sa