Paloma caminó de un lado para otro. Alexander había movido las influencias suficientes para que los exámenes que se había realizado salieran lo antes posible, pero estaba tremendamente ansiosa y nerviosa.
Una vez que había entrado a la habitación de Emilda, la mujer la había mirado a la cara, y cuando Paloma la observó, supo de inmediato que era su madre.
Podía verlo en sus ojos, podía ver en su rostro, un poco envejecido, su propio reflejo. Eran tan parecidas que sintió un tremendo nudo en el