Xavier se había sentido bastante cansado los últimos días, pero esperaba que todo aquello cambiara.
Después de lo que había sucedido con Máximo, entendía que el peligro que se cernía sobre ellos era tan real como el aire frío que le quemaba las mejillas esa noche.
Ya era tarde; la medianoche había pasado hacía unos cuantos minutos, pero las luces de la casa de Raúl aún seguían encendidas. Sabía que el hombre había trabajado hasta tarde, seguramente quería dormir y descansar. Hacía menos de 24 h