Yeison sabía que aquello podría llegar a ser muy complicado. Como sus hermanos habían dicho, Paloma era una chica rebelde y voluntariosa. Pero tenía que intentarlo. Por eso estaba ahí, de pie, frente a la entrada del edificio donde vivía la chica. El portero lo miró de los pies a la cabeza.
— ¿Usted otra vez? — dijo, y Yeison asintió.
— Sí, yo otra vez. Podría decirle a Paloma que estoy aquí.
Pero el hombre negó.
— Ella dejó especificaciones muy claras de que no quería que nadie la molestara