143| Alex.
Cuando salí de la habitación, no pude evitar que en mi rostro se pintara una mueca de tristeza. Yeison captó perfectamente esa expresión y negó con vehemencia.
— Por favor, dime que no es verdad — me preguntó.
— Lo siento, Yeison, pero yo tampoco soy compatible.
El rostro del muchacho se tornó grisáceo. Una sensación de mareo lo hizo caer sentado en el mueble junto a Ana Laura, quien lo abrazó por la espalda.
— Lo siento mucho — dijo ella — , pero aún quedan las donaciones, ¿no es así?
Yeiso