133| Alex.
Yo no supe en qué momento me caí al suelo; solo supe que un segundo después de que Gabriela hiciera esa confesión, estaba observando el techo de la cafetería con el corazón acelerado y la vista borrosa. Un mesero me ayudó a poner de pie.
— ¿Está bien? — me dijo, pero Gabriela intervino:
— Está bien, solo le dieron una fuerte noticia. Por favor, ¿le regala un vaso de agua? — .
El mesero llegó corriendo con un vaso de agua. Yo debería verme tan pálido como un fantasma; escuchaba las palabras de