122| Alex.

Tuve que aguantar con fuerza el aliento para no soltar un bufido de rabia cuando Federico entrelazó nuevamente los dedos de Ana Laura en su mano.

Mi hermano notó mi incomodidad, así que me empujó por la espalda para que fuera al frente, pero yo quería seguir mirando. Yo quería ver cómo Ana Laura lo tocaba, porque quería comprobar si de verdad lo amaba.

Caminamos relativamente seguros a su lado; los de la pandilla nos observaban detenidamente, pero ninguno se atrevía a hacer nada. Seguramente sa
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