Cuando la puerta se cerró detrás de él, Yeison consideró que aquello ya no era una buena idea.
En efecto, tenían razón; él era poco conocido, incluso en el barrio obrero, era insignificante y había logrado mantenerse al margen de la ola criminal que azotaba el lugar.
Pero aún así, un poco de ansiedad surgió al pensar que tal vez pudieran reconocerlo. Ya llevaba muchas semanas viviendo bajo el abrigo de los Idilio y trabajando en la empresa de sus hermanos mayores.
Mientras caminaba por el pasil