Aceleré rápido por la carretera.
Quería estar concentrada en la autopista, para no pensar en Alexander, para no pensar en los besos que me había dado, en su firme dureza contra mi vientre.
Desde que sucedió todo aquello, hacía tantos años, nunca había tenido la necesidad nuevamente de estar con un hombre.
Aquello me resultaba un poco perturbador; sentía miedo de iniciar una carrera emocional con otra persona. Pero esa mañana, con los brazos de Alexander contra mi espalda, su lengua en mi cuello