100°

Me quedé ahí un rato más en la sala, sin encontrar el valor para salir y enfrentar a Alexander. Las instrucciones de doña Azucena eran claras: tenía que cuidarlo, tenía que cuidar a Álex, hacer lo mejor para él. Así que, después de estar un rato ahí sentada, me puse de pie y salí.

Alexander estaba sentado en el amplio mueble de la sala, abrazando con fuerza una almohada; en su expresión podían notarse la intranquilidad que le recorría el cuerpo.

— ¿Y el juez? — le pregunté para quitar la incom
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fallonsalvatore45Esta mujer me estrésa
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