Keila:
Todavía ayer mi hermanita, el único acto de luz en mi vida era la mujer más feliz. Hasta ayer todas mis pesadillas no se volverían realidad. Todavía la veía desde mi mecedora, a Israel sentado junto a ella, apoyado en un brazo sobre la madera del puente, con su mano libre jugueteando con su cabello grisáceo. Nunca quería husmear cuando estaba con ella. Pero mi lado egoísta temía que él le contara la verdad. Mi lado egoísta prefería separarlos y que no se hablaran jamás. Me arrepentía tan