Vítor
Cuando Tomás se marchó, la abuela de Sofía nos invitó a desayunar con ellos. Miré a Sofía, buscando su opinión:
- ¿Quieres que me quede? - pregunté preocupado por su reacción.
Sophia respondió con una larga sonrisa:
- Sí, claro. Estaré encantada de que aceptes.
Con su aprobación, respondí a la señora:
- Muchas gracias por la invitación, estaré encantada de desayunar con usted. - Al fin y al cabo, estar al lado de Sophia era lo que más importaba en ese momento. Agradecí la oportunidad de c