Sophia
Cuando terminamos de desayunar, mi abuela se levantó con su típica dulzura para darle la medicina a mi abuelo. Era un momento que se repetía a diario, una rutina que ella llevaba a cabo con gran cariño y esmero.
Se acercó a la pequeña estantería del comedor, donde guardaba las medicinas de mi abuelo organizadas en cajas y frascos. Su expresión era tranquila y devota, y siempre me sentí profundamente agradecido por tener a mi lado a una abuela tan cariñosa y atenta.
Mientras mi abuela pre