15. Lo siento
—¡Ya está la mesa! —anunció Tommy.
—¡Sí, ya podemos comer! —gritó Annie.
Si los niños hubieran visto a sus padres de la forma en la que estaban, no habrían dicho una sola palabra, pero lo cierto era, que apenas chocaron cinco con su papá, se habían ido a terminar de arreglar la mesa, para tener su tan anhelada cena de Nochebuena.
Los gritos de los pequeños sacaron a sus padres del estado en el que se encontraban, soltaron sus manos con prisa y dieron un paso atrás, como si su toque los hubiese