Patrick aplastó el contacto en su teléfono celular, se acomodó en su lujoso sillón e intentó varias veces pasar el talón por encima de la rodilla antes de dejar caer la pierna. Ninguno de los pies llegó al suelo.
Lo único que odiaba de estas malditas cosas de gran tamaño que los Simón guardaban en la sala de estar de la casa de huéspedes. Cómodo como el infierno, él mismo había conseguido uno. En un mejor color.
Hizo que su chico le cortara las piernas a la suya en casa para poder plantar los p