Empezó la música, la misma ópera que habían estado escuchando en el coche. Lo había comenzado exactamente donde lo habían dejado. El sonido de un corcho de champán resonó en lo que podía decir que era una habitación grande, y luego escuchó el líquido burbujeante caer en un vaso y luego en otro.
Jasha regresó y, tomándola por la cintura, la guió hacia adelante. Él la colocó justo así.
—¿Sabes qué ópera es esta?— preguntó.
—Sí—, respondió ella.
—¡Bueno! Ahora, a ver si has prestado atención mient