Se había asomado al pasillo, que estaba ostentosamente adornado con arcos y espirales de interminables arreglos florales, el altar era un verdadero muro de vegetación y gardenias, rosas y tulipanes, un camino lleno de flores hacia la siguiente etapa de su vida.
Acomodada en su interior, no podía hacer nada más que sentarse, esperar e inquietarse. Afuera de la puerta, Nadine podía escuchar a los invitados que comenzaban a llegar, el ruido de ahí afuera creció de una risita ocasional, a un zumbid