Lo miro y no me lo creo, mucho menos que le haya reventado la nariz de nuevo. —solté una carcajada—. El señor Jonathan miró por el retrovisor, mientras Iskander unía esas perfectas cejas. Estaba más bello, todo un turco precioso, no tenía nada malo ese hombre. Ahora era más alto al de mis recuerdos, más fornido, su cabello a juego de esos preciosos ojos negros porque era tan bello o yo lo veía precioso. En todo caso, lo tenía al frente y si andaba con un abogado su situación debía de ser comple