El perdón y la alegría que esperaba encontrar jamás aparecieron en el rostro de Sinead. Al contrario, aquellas simples palabras endurecieron la expresión de Nelson. No lograba entenderlo, si le había abierto su corazón, ¿por qué a ella parecía no importarle?
Al ver la expresión fría de Sinead a través de la ventanilla, hasta le costó respirar. Pero el tiempo se le acababa, así que no tuvo más remedio que seguir confesando sus sentimientos.
—A la única que quiero es a ti. Solo te pido una oportun