Ignorando el drama que estaba ocurriendo en su ciudad natal, Dante e Isabella estaban de camino al estacionamiento ya que la jornada laboral habia llegado a su fin, donde ambos se despidieron de Elizabeth.
Por su parte el pelinegro mayor se miraba feliz y relajado ya que en verdad esa siesta le había caído bien a su cuerpo y se sentía con las energías renovadas.
- Te confieso que estabas bromeando cuando me dijiste que te dormirías – opino Isabella mientras acomodaba en sus brazos a su pequeño.