Isabella estaba muy divertida, ya que no podía parar de reír debido a los comentarios de Elizabeth.
- Jaja dios, lo que hubiera dado por ver su cara cuando lo regañaste – opino Isabella entre risas.
- Pues se lo merece, dios como me molestan esos que creen que tu debes estar a sus pies y atenderles a la hora que quieren – indico Elizabeth mientras ayudaba a la castaña con las bolsas de la cena, ya que pasaron a un restaurante y pidieron la cena para llevar.
- Si, yo también odio a esas personas