—No lo sé, has llegado a no caerme tan mal y eso que pensaba que solo eras una de esas flojas que buscaba el trabajo para salir de la falda de sus padres.
Tengo un tic nervioso en el ojo derecho y unas ganas inmensa de noquear a ese ridículo que hace el papel de mi jefe.
—Que sincero. ¿No quiere que lo aplauda por lo que acaba de comentar? Es más, le voy a dar el premio al hombre del año por ser el más atento y humano que he conocido.
Daniel echa una miradita rápida a dónde estoy, para después