A Celeste se le han ido los colores del rostro. Creo que, me pasé con mi broma y fue muy pesada para ella.
—No te preocupes, amor mío. Ella y yo ya estamos divorciados. —le digo, encogiéndome de hombros como si no me importara.
—Lo sabía, esa mujer se muere de amor por ti. Debiste haberte quedado con ella, o quizá, aun los sentimientos sean mutuos y… pretendan regresar. —Comenta con tristeza, ni siquiera me voltea a ver por lo dolida que se nota en sus palabras.
—Ella es mi amiga —sonrío— jamás