9. LA DULZURA QUE ERA PARA MÍ
Punto de vista de Adrian.
No dormí. Ni una sola maldita hora. No podía. No quería.
Después de salir de la habitación de Valentina caminé por la mansión durante quién sabe cuánto tiempo, incapaz de regresar a mi dormitorio, incapaz de pensar en algo que no fuera ella. Pero también incapaz de ver al pequeño Leo y la traición que su padre le estaba dando.
Pero es que en mi cabeza solo quedaba su voz, sus lágrimas, su boca, su sabor.
Aquella última mirada antes de pedirme que me fuera.
Merezco algo