VI
Kei tuvo que ver entonces, cómo las cosas que iba a compartir con Jasha, se apiñaban en apenas 6 cajas que recogían la que pudo ser su historia. Jasha las había enviado amablemente desde Rusia, irónicamente llegaron primero que Kei a Japón. No pudo disimular ni por un segundo frente a sus padres el dolor tan hondo que estaba sintiendo y que en realidad no entendía. Tuvo que ser su culpa. Siempre era su culpa. De nuevo indagó en su interior para saber en qué falló, en qué pudo molestarle tan