—Está bien, pero también quiero que hagas lo que yo quiera, sin rechistar ni quejarte.
Frunce el ceño y arquea una ceja, está por quejarse, pero al final termina accediendo a mis condiciones, me ofrece su mano y yo la estrecho, apretándolo con algo de fuerza, luego procedemos a intercambiar números. Una vez que nuestro trato está sellado, regresamos al camino, afortunadamente no tardamos mucho en llegar a su casa.
Henry.
Me siento un mal por haber ilusionado a Hannah y dejarla plantada, se escu