ERIC
No he dormido casi nada en los últimos cuatro días.
No puedo, ni quiero.
No cuando mi mujer aún esta desaparecida y no tenemos nada remotamente cercano a alguna pista para llegar a ella.
Las pocas veces que he dormido no son más de dos horas y solo se da cuando mi padre o Josefina logran meter sedantes en lo que como o bebo. En consecuencia, mi cabeza me duele. El pecho me duele y mi cuerpo entero duele debido a que no la tengo aquí conmigo.
Mis codos reposan sobre mis rodillas mientras ve