Ammy, claramente horrorizada, replicó:
—¿Un millón de dólares? ¡Esa chica apenas gana unos miles al mes! ¿Cómo esperas que haya ahorrado tanto?
El descaro de los padres de Sara no tenía límites.
Para ellos, su hija no era más que una mina de oro que estaban decididos a explotar.
—Así Sara no tenga un millón ahorrado, no importa. La encontramos, la casamos y, con la dote, llegaremos a esa cantidad. Sabemos cómo sacarle ese dinero. —La voz de Oliver era fría y calculadora.
Ammy, por primera vez, c