¡Qué coraje! Es tan fácil para la gente inventar rumores, pero desmentirlos es como escalar una montaña.
Yo, la víctima, ahora parecía ser la mala de la historia, acusada de seducir al marido de otra.
¡Como si siquiera considerara fijarme en alguien tan despreciable como Juan!
La rabia que sentía comenzó a disiparse con el agua fría, y poco a poco me fui calmando.
Los rumores son peligrosos, y si no los detengo a tiempo con pruebas, no solo destruirán mi reputación, sino que también arrastrarán