Apreté los labios y respondí:
—Tomaré en cuenta tus consejos y estaré más atenta.
—Entonces esperaré noticias mías y me pondré en contacto contigo —Gabriel se levantó.
—Está bien.
Gabriel se levantó ágilmente, recogió su caja de herramientas y se marchó de mi casa.
Con su salida, la casa quedó sumida en un profundo silencio.
Levanté la vista hacia los extensos estantes llenos de libros que llegaban hasta un techo alto, donde había un tragaluz de cristal. En ese momento del día, la luz del sol en