—Las malas suertes también cuentan como destinos, ¿no? —replicó Juana, con sus grandes ojos mirándome fríamente.
Le devolví la mirada, buscando inconscientemente algún rastro de mi padre en sus facciones. Aunque no quería admitirlo, sus ojos realmente se parecían a los de mi padre.
—Señorita López, Hugo te ha transmitido mucha información equivocada, —dije con una sonrisa irónica—. Soy una persona con un buen carácter, pero eso no significa que no tenga carácter.
Juana soltó una risa desdeñosa.