Mis palabras lo enfurecieron tanto que empezó a gritar mi nombre, golpeando las barras de la celda como un loco.
—Sofía Rodríguez, ¡voy a matarte, maldita! ¡A ti y a Juana! ¡Voy a matarlos a todos!
Me detuve en la puerta y miré hacia atrás. Hugo se veía como una bestia enloquecida, sus ojos inyectados en sangre, gritando sin sentido alguno.
—¡Ustedes me arruinaron! ¡Voy a matarlos a todos!
En ese instante, vi al verdadero Hugo. Un hombre completamente consumido por su odio y desesperación.
Suspi