Escuché pacientemente la narración de Juana, sin interrumpirla ni apresurarla.
Sabía que al final obtendría las respuestas que buscaba.
—Para entonces, Hugo ya no me interesaba. Me di cuenta de lo fácil que era manipularlo y lo despreciable que era. Decidí dejarlo para ti; después de todo, tú lo amabas tanto. Quería ver la escena cuando descubrieras su verdadera cara. Sería un espectáculo.
Juana cruzó las piernas y miró con indiferencia el bonito diseño de cisne en su café.
—Aquella mañana, desp