—Escuché al abogado Fernández decir que fuiste tú quien lo contrató para que me representara en el juicio. Gracias, —dije, tratando de encontrar algo que decir. Quería preguntarle por qué hacía todo esto por mí, pero no me atreví.
—No es necesario, —respondió Sebastián con su habitual tono distante—. No lo hice por ti.
—¿Eh?
—Le prometí a tus padres que te cuidaría.
Aprovechando que había abierto la conversación, no pude evitar preguntar:
—¿Es solo por eso?
Sebastián frunció el ceño, mirándome c