Mundo de ficçãoIniciar sessãoCatalina y Valentino seguían pegados como chicle, besándose y abrazándose como si no existiera nadie más a su alrededor. Y aunque los niños mantenían los ojos cerrados no era difícil imaginar lo que pasaba con ellos ante estos gemidos y suspiros entrecortados.
—Malditos degenerados, podrían tener un poco más de decencia y respetar a mis hijos. Dejen sus deseos sexuales para después cuando estén tras






