Sentí sus labios explorar mi sexo, lamiendo mi piel y succionando mi clítoris. Jadeé con las mejillas sonrojadas, arqueando la espalda y respirando con rapidez. Apreté su rostro entre mis muslos.
Con Tarren, a pesar de todo, me sentía plena, más de lo que nunca me sentí con Zaid. Más de lo que nunca me sentí con nadie.
—¡Dios...! —gemí, tirando de su cabello y cerrando los ojos.
El placer comenzaba a hacer estragos en mi interior, a remover todo, sensaciones y emociones, miedos y deseos. Q